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  • 22 De nuevo corriendo

    . 08 marzo 2011



    Inesperademente, y por obra y gracia de Camy, me he encontrado otra vez con el testigo en mis manos... y aquí me tenéis con el dorsal puesto de nuevo, aunque esta vez ya corro en un gran equipo: El equipo B.

    Los que seguís esta carrera ya sabéis de que va esto, y para los que no, podéis encontrar detallada información en Relevos blogueros y un resumen AQUI(Por no alargar mucho el post)


    Allá vamos:

    1. La agorafobia de Lucía había hecho que llevase años confinada en lo que ella llamaba su búnker. Vivía de noche y dormía de día. Era una de esas mujeres por las que el tiempo pasa cruel y devastadoramente. Una aureola púrpura rodeaba sus ojos tristes, sin brillo, que se encajaban en un rostro descolorido y marchito. Tenía una nariz perfilada que sostenía unas anticuadas gafas.

    Sus labios agrietados pedían a gritos menos nicotina, el pelo cano y desaliñado le llegaba casi a la cintura y la extrema delgadez de su cuerpo no podía casi sostenerla en pie.

    Su partida de nacimiento confirmaba que tenía 35, pero los años de aislamiento elegido, la dejadez y el descuido habían hecho que pareciese una anciana.

    Como una noche más, Lucía abrió su portátil, para asomarse por esa pequeña ventana y contemplar, indagar, husmear por entre las callejuelas de esa gran ciudad virtual que le tenía completamente fascinada. Mientras se desplegaba automáticamente la persiana azul de Microsoft, preparaba, como otras tantas veces, sus cigarrillos, el viejo cenicero sucio, y su té. El turquesa del mar de una playa desconocida le daban la bienvenida.

    Y a partir de ahí, su conexión con el mundo.

    ¡Clic!-

    2. Cansada de navegar entre mentirosos, tarados, onanistas y obsesos, acostumbraba a desconfiar de los mensajes que recibía a través de Internet. Ella no era una Princesa Azul, con su miserable aspecto no podía aspirar ni a cadáver de princesa, por eso descartaba totalmente ser rescatada de su prisión, alguna vez, por un hombre cariñoso, leal y sincero.

    Algo le decía que ese prototipo ya no abundaba en el mundo exterior.

    Aquella noche, que prometía ser como una más, una de aquellas que terminaría en un alba de lloros mientras nacía una nueva jornada para la desesperanza, un inesperado recuadro se abrió en la esquina inferior derecha de su pantalla: era un mensaje de chat con un mensaje desconcertante:

    "QUERRÍA RESUCITAR TU SONRISA".

    Al principio Lucía tuvo la tentación de mandar a la mierda al desconocido bromista, pero se contuvo y en su lugar decidió...

    3. Decidió contestar. Un simple "cómo podrías" fue suficiente. Había tardado un poco en introducir la frase y ahora, mientras aguardaba, se arrepentía de haber seguido el juego a un desconocido que seguramente en la espera había desistido de seguir conversación alguna. Aún así, observaba fijamente la pantalla mientras, inconscientemente, enroscaba suavemente un mechón de su pelo entre sus dedos... solía hacerlo cuando la imaginación se apoderaba de ella.

    Nada... no había contestación. Cogió uno de sus cigarros mentolados y justo al soltar el humo de la primera calada, se quedó paralizada... alguien escribía al otro lado.

    "¡Va a contestar!", se dijo apagando apresuradamente el pitillo en el cenicero rebosante de colillas. Intentó respirar hondo, el corazón le latía rápido, estaba nerviosa y hasta las manos empezaban a sudarle, pero el nerviosismo no era lo único que se había apoderado de ella, ahora tenía miedo... miedo de no saber si podría con la respuesta.
    (Aut@rSU)

    4.“DEJAME ENTRAR, LUCIA”


    La respuesta le disparó una bala que le acertó en medio de la frente.
    Sus pupilas permanecieron clavadas en los cinco helvéticos caracteres que titilaban en la pantalla del ordenador. Verificó su nick y era el correcto. Desde que utilizaba Internet siempre se identificaba como Isis.
    Entonces ¿cómo era posible que aquel hombre conociera su nombre?
    Intentó analizar la respuesta, pero tenía la razón bloqueada. Aquel pedido con cierto sabor a súplica viril le secó la garganta.
    El maligno duende del arrepentimiento comenzó a danzar enloquecidamente en la boca del estómago.
    Su mente se debatía febrilmente entre dos posiciones antagónicas.

    ¿Debía apostar por su instinto y permanecer aferrada a su anodina existencia o se arriesgaba a sumergirse en las seductoras aguas de lo desconocido?

    ¡Mierda!

    Le dio una pitada al cigarro, se acomodó las gafas sobre el puente de la nariz y apoyó los sudorosos dedos sobre el teclado. En aquella inesperada partida de ajedrez, ahora le correspondía a ella ejecutar la siguiente jugada.

    5. Pero no se animó, se sintió perdida e indefensa, aun en la perfecta armonía de sus cuatro paredes.

    -No soy Lucía, te estás equivocando de persona- acotó intentando despistar a quien le escribía.

    -Dejame entrar, Isis. Quiero sumergirme en la plétora que se acumulará en el centro de tu pecho cuando esté junto a ti, Lucía.

    La mujer se levantó aterrada, cerrando la portátil con fuerza, destruyendo el cigarrillo con la tensión de los dedos índice y medio.
    Lo primero que hizo fue dirigirse a la cocina y tomar un vaso con agua, un tanto más tranquila se aseguró de que las puertas y ventanas estuvieran cerradas.
    Riéndose de si misma y de su estúpido terror repentino, se dirigió serena hacia la portátil, la abrió y pensándolo bien le escribió.
    -Isis no es Lucía, me estás confundiendo. Espero que tengas suerte al encontrarla. Chao, me voy- y para terminar con esa charla le mandó un emoticón sonriente. Estaba dispuesta a apagar el computador cuando un nuevo mensaje entró.

    -LUCÍA ¡DEJAME ENTRAR!

    Y unos golpes en la puerta le sacaron un grito desesperado de horror.

    6. Grito que ahogó entre sus manos, ante la incipiente mirada de terror que dibujaba en sus ojos fijos en aquella puerta. Sin respiración audible, caminó descalza hacia ella, casi de puntillas, iluminada tan sólo por el parpadeo constante de aquella pantalla, que reiteraba el amenazador mensaje que asomaba al compás del golpear proveniente del otro lado de la estancia.

    Al llegar frente a ella, contuvo el aliento, cerró los puños clavándose las uñas en las palmas, agudizando el oído y..., en el momento justo en que sus ojos alcanzaron la altura de la mirilla, el sonido cesó y la pantalla se apagó, quedando sumida en la más absoluta oscuridad.

    Ahora el único sonido que se escuchaba era el acelerado palpitar de un corazón. Cerró los ojos con fuerza e intentó visualizar la ubicación de las escaleras por donde tendría que escapar si aquella puerta se abriera, pero a su mente sólo llegaba una imagen, una pared con un letrero pequeño, negro, que rezaba:

    -APTO. 601-

    7.- ¿Lucía, estás ahí?

    La voz de Elisa le pareció por unos segundos la más firme asidera a donde agarrarse, ahora que sus piernas habían perdido completamente el control.

    – Espera, te abro. No encuentro la luz-

    Con su habitual desparpajo. Elisa dejó la compra desparramada sobre la mesa de cocina, y comenzó a organizar la nevera. Lucía la miraba como una autómata, que hubiera llegado de otra galaxia. Camino hacia el baño, para poder respirar sin la reserva que la inspiraba la mirada indiferente de Elisa, y al mirarse en el espejo creyó observar que alguna cana más había descolorido su ya ajada melena.

    Imágenes a modo de diapositivas iban pasando ante sus ojos.

    ¡Flash!, la primera cita.
    ¡Flash! Las palabras de reproche.
    ¡Flash! Las primeras amenazas.
    ¡Flash, el primer golpe.

    Recordó como su larga melena recorría aquel aseo camino de la bañera repleta de agua de la mano de él, y como intentó sobrevivir tragando agua mientras conseguía ahogarla.

    – Nunca más-, se dijo. Ya no posaría más en aquellas revistas con traje de baño, con piernas de junco y huesos en la piel, que despertara el deseo impío de pervertidos impulsos. Su oscuro refugio le proporcionaba el perfecto amparo e miradas promiscuas.

    Volvió a la cocina a observar los ágiles movimientos de Elisa, que le reportaban confianza cuando de nuevo otro golpe en la puerta las hizo girar la cabeza hacia la luz del portal.

    Cuando llegó la mirilla, arrastrando lánguidamente los pies, un golpe de luz estalló en su córnea para encontrar frente al cilíndrico cristal cóncavo, una retina nerviosa que le avistaba a través, con la misma intensidad con la que ella intentaba reprimir aquel quebrado grito que no afloraba…

    En ese preciso instante, la luz del estudio se prendió como una cascada fulgurante, y la pantalla del portátil comenzó a parpadear emitiendo singulares crujidos.

    - ¡ Lucía, no me eches en el olvido! ¡ Déjame entrar!


    8.- Ahora no puedo, Elisa… Estoy cansada... No soporto más esta muerte en vida. Mientras tanto, su cuerpo –casi inerte y su mente en La Nada- levita y a la vez cae desesperadamente en un viaje con destino incierto:

    El acto, el telón, la función era como ese salto en la oscuridad, que Lucía; sin la más mínima posibilidad de escapar, jamás volvería atrás, ni siquiera como una insignificante mota de polvo, los interminables tres segundos detrás del telón con las cara pintada se compararían con una brújula en apuros, las posibilidades en extinción y los puntos cardinales de vacaciones y sus diversas interpretaciones.

    El miedo rodeándolo todo de principio a fin, como la incertidumbre torturando a un garabato con los pies imaginarios y las palabras inacabadas, estallan de pronto: la función a de comenzar los pies sobre las tablas, había que ponerlos a soñar, la ciudadanía respetable y lamentable bien dispuesta en las sillas…

    Ahora es el momento:

    -dijo Lucía.

    Entre tanto sus ojos fulgurantes y radiantes comenzaban a desvanecerse y el mundo se le manifestaba como el matadero demencial que es. El tambor late en su pecho es más sonoro que 10 mil en un ritual festivo del África, había que convertirse en alter ego del bípedo implume, para que todos los demás entendieran: Que escudriñar a las estrellas con un telescopio gigante, mientras el contacto impersonal y sin alas de la multitud, te produce una mezcla de indignación y burla, sobretodo eso la burla, estallas a risotadas en tu interior y comienza a bailar de alegría, a escribir un libro de horas, a fotografiar mundos nacientes en plena gestación, a desatarte la cordura, a despachar a la decencia y a despedir al buen juicio y al decoro, y lentamente te conviertes en el loco que baila sin ropas, en una mezcolanza de sabiduría y disparates, inicias una destrucción tan bella… que al final dices:

    - ¿Será real? ¿En dónde estoy?

    9.Las luces seguían apagadas, la puerta cerrada, la casa desordenada, parece que el silencio se instalaba de nuevo en aquel desamparo y su mente comenzó a divagar en el placentero deseo de acabar con todo.
    ¿Cómo lo haría? ¿Estaba segura que podría hacerlo? ¿Merecía la pena seguir luchando por algo, por alguien que la maltrataba? Pero...¿Y su arte, su vocación? ¿Y aquella familia que dejó en el pueblo? En algún momento había disfrutado de su estilo, ante cuántas miradas indiscretas... Todo era pasión ante los ojos dominadores de aquel hombre, de aquella bestia que ya nunca la dejaría en paz. Las representaciones del loco, están sustraídas al descabello.
    De nuevo llamaron a la puerta. había perdido la noción del tiempo.No. No estaba en casa, no tenía ordenador, ni televisión, ni radio, ni luz eléctrica, nada, nadie podría convencerla. su ciencia era, es lo accidental, lo fortuito, la locura, la nada, la dejadez, la inercia..porque la fantasía sólo es un juego, un extravío, un delirio pasajero. No. No abriría jamás. No podía fiarse de nadie, ni siquiera de Elisa, menos de él. Sus ideas, su carácter mórbido, sus deseos tan pronto sublimes, tan pronto locos, ella no había sido creada para que la manipularan los "genios", no tenía paciencia, no podía dejarse golpear por una pasarela de fama absurda.
    El silencio volvió a invadir todos los espacios de su habitación oscura. Se dejó caer en el suelo, junto a la cama, buscó a tientas el paquete de tabaco, sacó un cigarrillo, se lo llevó a la boca, no encontró el mechero. A tientas agarró el teclado del ordenador, tiró de él con fuerza y lo estampó sobre algo que se rompió al instante. El sonido la hizo cambiar de postura. El silencio se hizo de nuevo, algo se había roto en mil pedazos. No quiso averiguarlo. De repente su necesidad de fuego se agudizó ¿Dónde estaría el mechero? Sí. Sí. La llama era importante, el gusto, el sabor, la necesidad de sentir el humo en la oscuridad, la acuciaba. Aquella llama imaginaria le hizo recordar su estancia en Londres y, de repente empezó a viajar, incluso a pensar vagamente en el regreso... El subconsciente entra en escena. La posibilidad abraza sus adormecidas sensaciones de libertad...
    Se levanta, busca una luz, o no. Mejor vuelve a mirar por la mirilla. Parece que se han ido. el ordenador ya está roto. No quiere saber más de nadie. Se lo ha prometido así misma, nunca, nunca abrirá esa puerta. Saldrá por la ventana, por la chimenea, por el tejado...o se quedará allí para siempre. De repente su propia risa la hizo desperezarse. Nadie, nadie la encontraría nunca...Pero en Londres era todo distinto... De repente se encontraba sentada en un banco, viendo como iban y venían las palomas en Trafalgar Square.
    (Aut@r: Julie )

    10.En Trafalgar Square, el cielo plomizo dejaba escapar finas gotas de agua, no eran de lluvia realmente, no, no llovía, era la niebla húmeda la que, sin apenas percibirlo, estaba empapando el cuerpo, el cabello, el rostro de Lucía. Las gotas de agua y el llanto se deslizaban juntos, suavemente, por sus mejillas.
    Sin rumbo determinado volvió a Picadidilly Circus. Era su lugar preferido desde que, hace ya dos años, vino a Londres.
    Desde los primeros días buscó un lugar privilegiado en la escalinata, arriba del todo, y cada día volvía a él, como por arte de magia siempre tenía libre su asiento. Hoy también observa el gentío que sin aparente rumbo fijo deambula por el barrio. Lucía acaricia su cazadora multicolor que nada más llegar, compró enfrente en la gran tienda del Sargent Pepper, una vez más intercambia algún que otro cigarrillo “Ideales” por rubio inglés, con Yasser, un estudiante de Kuwait que pincha discos en una discoteca en Cardiff.
    ¿La reconocerían en el pequeño pueblo del interior de España, si la viesen con su pelo crepado, de color verde, sus botas de altas plataformas y sus inmensos ojos azules enmarcados por una inmensa sombra fucsia?
    En Londres Lucía se había descubierto. Su melena larga, rubia, adornada con flores, brillaba con luz propia. Se reconocía hermosa y el amor que por primera vez vivía, contribuía a esa seguridad y felicidad sentida.
    Todo su mundo mágico había comenzado al conseguir la beca RADA –Academia Real de Arte Dramático. Un sueño. Lucía creía vivir un sueño. Eran los maravillosos años 70.
    Otra Lucía, en su vientre se estaba gestando sin saberlo.
    Hoy, con 35 años, con el pelo apagado, sin brillo, con un bagaje de triste vida continúa sentada, rodeada de palomas en Trafalgar Square. En su mente está grabado: Apartamento 601.
    (Aut@r Camy)

    11.Clac, clac, clac, clac

    Un silbido lejano sincronizado con el buen compás de unos tacones cada vez más cercanos se hacían eco por el hueco de la escalera.
    Ese inocente sonido le martilleaba la cabeza. Abrió con dificultad los ojos y se encontró allí tendida, con la cabeza medio encajada entre los barrotes de la escalera, desnuda, con sangre reseca en la manos y con la cruel imagen que la perseguía de frente:

    APTO. 601.

    Giró la cabeza buscando desesperadamente la puerta de su casa.
    Estaba abierta.
    Suspiró.
    -¿Cómo he llegado aquí?- pensó.
    Estaba aturdida. Flashes  de consciencia e inconsciencia  rápidos y astutos se intercalaban en su dolorida cabeza:
    -Trafalgar square-
    -Isis-
    -Déjame entrar-
    -Yasser-
    -Londres-
    -Tabaco-
    -muerte-
    -Elisa... Elisa...-

    -¿Dónde estaba Elisa?-

    Aterrorizada se levantó y corrió hacia su apartamento con la esperanza de que Elisa también hubiese formado parte de su sueño.
    Atravesó el largo pasillo que conducía al salón, y allí, entre el umbral de la puerta que daba paso a la cocina, sobre un charco de sangre, descansaba el cuerpo sin vida de Elisa.
    Junto a ella, el retrato hecho añicos de su hija Olga Lucía y una nota que decía:

    “SÓLO QUERÍA RESUCITAR TU SONRISA”
    (Aut@r CreatiBea)


    Y paso el testigo a Meg de Sal o pimienta. (Tus deseos se han hecho realidad) Tienes las bases AQUI, recuerda publicarlas.


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    22 comentarios :

    MIMOSA dijo...

    Superior!!!! Plas, plas, plas (aplausos)
    ¡Hay que ver el giro genial que le has dado! Y sobre todo, como has vuelto a reconducir la historia al punto de partida. Toda una maestra!!!
    Muy bueno, esta parte me ha encantado, veamos pues como continúa, ufff!!! que enganche!!
    Besos

    CreatiBea dijo...

    MIMOSA, muchas gracias!!!! Me he dado cuenta de lo difícil que es y más aún, si cabe, del mérito que tenéis.

    Empezar un relato es una cosa, pero continuarlo es otra (difícil)

    Me está encantando vuestra participación, un placer, de verdad.

    Quino dijo...

    Bueno Bea, parece que te devolvieron otra vez el testigo. Pero con maestría lo has llevado adonde querías... o quizás no... pero el caso es que seguimos con el suspense y la intriga.
    A mi personalmente me gusta mucho tu estilo (no es peloteo). No acostumbro a adular a las personas. Siempre hago una crítica positiva, por muy negativa que parezca para algunos...
    Para ello, si entras en mi blog, verás que lo que digo, es así.
    Lo importante es el desenlace... seguiré al doceavo (en este caso a Meg)...
    Gracias por la iniciativa, Bea.

    Besiños desde Lucus Augusti.

    Bee Borjas dijo...

    Guaaaauuuuuuuu!!! Coincido con Mimosa!!! ES-PEC-TA-CU-LAR Bea!
    Què mano tienes mujer! Esta historia es como un sube y baja maquiavèlico y seductor! Sigamos corriendo! Felicitaciones y un beso grnade!

    Camy dijo...

    Te felicito por el giro dado y entramos ahora en el momento álgido con connotaciones al más puro estilo de cine negro.uN BESO

    Julie dijo...

    Sorprendente, me dejan intrigada las posibilidades y ya estoy ansiosa por leer lo que sigue. Cada vez más difícil, claro. Bea, eres genial. Te admiro. Creo que la historia está tomando giros insospechados e intrigantes. Me gusta mucho tu estilo. Besos.

    María dijo...

    Ufff, como se está poniendo la historia, no quiero dejar de leeeeer.
    Enganchaica viva me teneis.

    CreatiBea dijo...

    Quino, muchas gracias por tus palabras, las recojo agradecida de verdad.

    Cierto que a partir de ahora que nos vamos acercando al final se va poniendo un poco más complicadillo, veremos que pasa.

    Gracias a ti de por participar ;))

    CreatiBea dijo...

    Bee Borjas, jajaja gracias!!! Creo que leí demasiadas novelas de Agatha Christie...

    Sigamos corriendo. :)

    CreatiBea dijo...

    Camy, gracias me dejaste el camino hecho para meterme de nuevo con el tema del apto 611 que tanto me impactó.

    Tengo una semana complicadilla pero me metí en faena y ya no pude parar...

    Gracias de nuevo, y veremos que pasa.

    CreatiBea dijo...

    Julie, muchas gracias de verdad. Quise seguir con el tema del apartamento 601 y el desconocido internauta y salió esto...
    Veremos que hace Meg...

    Besos

    CreatiBea dijo...

    María, me alegro!!!

    Veremos que pasa... y si te toca a ti meterte en faena...

    Un besazo!!!!

    Julie dijo...

    Bea, no tengo el link del próximo testigo para seguir la historia. Ya me dirás. Besos.

    CreatiBea dijo...

    Julie, sí si que está: Pincha en Sal o pimienta, es el blog de Meg. Aún no ha publicado, pero lo hará (espero)

    MIMOSA dijo...

    ¿Por dónde va la historia? ¿Meg recogió el testigo? Espero y por el otro también me perdí, espero que retome pronto. Besos y feliz fin de semana

    CreatiBea dijo...

    Mimosa,Meg todavía no ha cogido el testigo, aunque enterada está. Me imagino que en breve se pondrá correr.

    La otra historia va por aquí:

    http://igualteinteresa.blogspot.com/

    Besos.

    meg dijo...

    Bea, ya he hecho mi carrera y te he entregado el testigo Tú sabes mejor que nadie a quién debes entregárselo. Espero que esté correcta mi historia. Esta publicada todo el relato en mi blog. ¿Lo coges tú de ahí?.

    meg dijo...

    Como no sé cómo se pasa a tu blog, aquí te adjunto la copia de lo que he escrito. (En mi blog está publicado todo el relato):

    Durante su delirio, Olga Lucía había estado en su casa. Pero ¿cómo había entrado?. Seguramente Elisa le había abierto la puerta. Y ¿dónde estaba ahora su hija?. ¿Qué había pasado con Elisa?. Se miró las manos empapadas en sangre y lanzó un grito desesperado que salió amortiguado de su garganta, casi mudo, como si sólo pudiera murmurar los gritos y las palabras.
    Se arrastró hacia el ordenador descuajaringado en el suelo, junto al retrato roto de Olga Lucía. Comprobó que funcionaba todavía. ¡No se había roto!. Su luz volvía a brillar una vez conectado. Y de nuevo el color azul de la playa desconocida, y la palmera torcida y el agua serena y... un parpadeo sobre el paisaje le daba a entender que tenía nuevo mensaje. Tembló. Tuvo miedo. Pero no pudo aguantar la curiosidad...

    "¿HAS VUELTO YA?"

    Alguien sabía, al otro lado de la pantalla, que se había"ido" durante ... ¿cuánto tiempo?. ¿Cuánto había durado el delirio?... Y de pronto le invadió un terror insoportable. "Si alguien sabe que me he ido, ¿sabrá también qué ha pasado con Elisa"... Se quedó sentada en el suelo, llorando y temblando de miedo, de espaldas a la cocina, donde el cuerpo de Elisa se desangraba...
    "¿Y si ÉL había estado allí?. ¿Y si ÉL había matado a Elisa, en aquella oscuridad, creyendo que era ella?.."...
    (autor: Meg)

    Y yo ahora paso el relevo de la historia de nuevo a Bea, que sabrá mejor que nadie quién tiene el turno ahora. Entrego el testigo y espero las nuevas letras que mejoren mi fragmento de historia.

    CreatiBea dijo...

    Meg, sí tranquila, yo voy copiando los trozos y los publico aquí. No se puede publicar directamente en mi blog.

    Gracias por particicpar y.... tienes que elegir al siguiente participante... ahhhh las reglas son así.

    Besos.

    meg dijo...

    Bea, se lo he pasado a Mimosa que, al parecer, lo estaba esperando, ¿no?. Gracias por tu gentileza y perdonad el retraso. He estado unos días sin abrir el ordenador. Un beso

    CreatiBea dijo...

    Meg, gracias. Mimosa ya participó, pero como según las bases se puede volver a pasar el testigo a un participante, pues hala...

    meg dijo...

    Gracias, Bea. ¡¡Buff!!. Creía que no iba a saber hacerlo. Me alegro de participar. Espero que alguien desvele quién es él. ; D