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  • 0 Amaranta

    . 15 enero 2010

    Tolón, tolón, tolón…

    Todos los habitantes de Amaranta dejaron de hacer lo que estaban haciendo al escuchar el sonido de las campanas. La forma en que estaban tocando, anunciaba que había noticias.
    Apresurados, se fueron acercando a la plaza para saber lo que ocurría.
    La plaza se iba llenando y poco a poco, se iba haciendo más intenso el sonido de los murmullos de la gente al hablar.

    Blablablablablaba

    Hacía mucho, mucho tiempo que la campanas no tocaban de esa forma y todos, desde el más niño al más anciano, estaban ansiosos por escuchar lo que les tenía que decir Pregonio.
    Pregonio echo un vistazo desde lo alto del campanario para calcular si ya estaban todos.
    Le pareció que sí, y se dispuso a bajar hasta el pequeño atril de piedra que estaba situado en el centro.

    Bajaba lentamente carraspeando para aclarar la voz  y, a la vez, pensando cómo les iba a dar aquella noticia...

    Una vez abajo, se abrió camino entre el gentío hasta llegar al atril, y cuando subió, inmediatamente se hizo un silencio sepulcral.

    Había llegado el momento. Tenía que hablar:

    “Habitantes de Amaranta!!!!!
    Os tengo que comunicar algo muy importante para todos nosotros,
    hemos sido maldecidos con un hechizo
    y es vital que escuchéis atentamente lo que os voy a decir
    ya que de ello depende nuestra supervivencia:
    A partir de hoy a las 12 de las noche y hasta el final de nuestros días: NO PODREMOS HABLAR."

    El silencio se rompió: todos hablaban a la vez, unos gritaban a Pregonio preguntando, otros hablaban entre ellos, otros protestaban…

    "Chisssssssssssssss Silencio"

    Gritó Pregonio.

    “Entiendo vuestra confusión, pero tenemos poco tiempo y es necesario que todos tengamos claro lo que va a pasar. Repito:
    A partir de las las 12, por nuestra boca no podrá salir ningún sonido, la capacidad del habla será suprimida de nuestras vidas.
    Tranquilos, no es tan grave, nuestro pueblo es fuerte, y sabremos entre todos salir de ésta.
    Propongo que a partir de este momento todas las familias os reunáis en vuestras casas y penséis todo lo que creáis que es lo más importante para poder subsistir. A las diez nos reuniremos todos aquí de nuevo y compartiremos lo que hemos pensado.
    Tenemos 10 horas. No perdamos el tiempo.”

    Inmediatamente todos corrieron hacia sus casas y se sentaron a hablar.
    Pregonio hizo también lo mismo.
    La plaza quedó vacía de nuevo.
    Estuvieron hablando y hablando, y discutiendo lo que para cada uno era lo más importante que debían transmitir.
    Cuando llegaron las diez, todos acudieron de nuevo a la plaza. Pregonio estaba de nuevo en el atril ya esperando, y los dispuso por grupos, de tal forma que un representante de cada familia dijese lo que habían pensando.

    El primer hombre comenzó a hablar:

    “Queridos amigos yo he estado estas horas enseñando a mi hijo como trabajar en el campo, explicando como sembrar, arar, recolectar… si no sabe como trabajar el campo, cuando no pueda hablar no se lo podre explicar... y cuando yo muera no podrá realizar un oficio”

    Otro hombre subió al atril y dijo:

    “Pues yo he estado he estado enseñando a mis dos hijos varones a cazar, para que puedan llevar alimento a casa”

    Inmediatamente subió otro y dijo:

    "Estas horas las he aprovechado muy bien, he enseñado a mis hijos a pescar…."

    Y así sucesivamente fueron subiendo todos… y todos coincidían en haberles enseñado a sus hijos las cosas que creían más útiles para poder sobrevivir.

    Algunos parecían satisfechos, hablaban entre ellos diciendo: "no pasa nada, no habrá ningún problema…" Otros sentían miedo. Sabían que era imposible en ese tiempo haber transmitido todo...  y ya no quedaba tiempo…

    Hasta que subió de nuevo Pregonio.

    “Me parece muy bien todo lo que habéis hecho, pero todo eso, aunque con mayor dificultad, podremos enseñárselo aunque no hablemos. Tenemos ojos para ver, oídos parara escuchar, olfato para oler y cuerpo y manos para interpretar. Iremos creando símbolos con las manos y dibujando en la tierra para poder comunicarnos. Nuestra mirada aprenderá a decir mucho más que ver, nuestros oídos se desarrollaran para escuchar mejor los peligros, nuestro olfato nos ayudará a saber cuando se quema un campo o cuando tiene hecha la comida nuestra mujer. Podremos asentir o negar con un movimiento de cabeza, podremos reir o llorar…. Pero... ¿Cómo enseñar a tu hijo lo que es bueno o malo?, ¿Cómo enseñar lo que es el amor?, ¿Cómo enseñar a ser justo y honesto?, A no mentir, a perdonar….

    Tenemos que fomentar unos valores, sino en poco tiempo nos mataremos unos a otros y nuestro pueblo desaparecerá”.

    Todos se miraban y asentían. Pensaban que habían estado perdiendo el tiempo.
    Faltaba un minuto para las doce de la noche... ya todos sabían que dentro de nada no podrían hablar jamás.
    Pregonio dijo, apresuradamente:

    "Necesitamos una norma, algo por lo que todos nos podamos guiar y que la podamos trasmitir sin palabras:

    "NUNCA HAGAS NADA A LOS DEMÁS QUE NO QUIERAS PARA TI MISMO”

    Pregonio respiró aliviado.

    En ese mismo instante, cuando termino de decir esas palabras… una ráfaga de viento sacudió al pueblo de Amaranta…. Todos se miraron…. Sabían que era el comienzo de una nueva era…
    Nunca sabremos que pasó.

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